¿Qué puede esperar Latinoamerica de Trump o de Clinton?

En la muy reñida batalla por la Casa Blanca, la mayoría de los sondeos ubicaba  el 2 de agosto a la candidata demócrata Hillary Clinton por delante del republicano Donald Trump. Según el promedio de las encuestas que publica el sitio realclearpolitics.com , Clinton contaría con un 46,9 % de intención de voto, mientras Trump se adjudicaría un 42 %.

La diferencia no es abismal y el porcentaje de votantes indecisos sigue siendo mayor que la brecha entre contendientes. Así que cualquiera puede ganar en noviembre, celebran o advierten los más diversos simpatizantes, detractores y observadores internos y externos. ¿Qué puede esperar América Latina de Clinton (con una página web, una cuenta de Twitter y un compañero de fórmula que hablan español) o de Trump (que asegura que los hispanos lo aman, pese a haber escandalizado con sus opiniones sobre algunos de ellos)?

Relaciones diplomáticas: ¿muro o patio trasero?

“Ninguno de los dos candidatos es como para que América Latina celebre. Sobre todo Trump, con sus proyectos de muro y su obviamente racista desprecio por los latinos”, opina el politólogo y latinoamericanista alemán Andreas Boeckh, profesor emérito de la Universidad de Tübingen. “Sus apreciaciones sobre México y los mexicanos fueron golpes muy bajos y me temo que su actitud hacia el resto de América Latina, en caso de que tenga alguna, sea muy similar”, agrega.

Hillary Clinton, quien ya tuvo que ver con América Latina como secretaria de Estado, mostró entonces preocupación por la influencia de China o Rusia en la región, lo que sugiere que sigue viendo allí un “patio trasero”, aún cuando su percepción sea “menos simple” que la de Trump, compara Boeckh.

Ninguno de los dos candidatos se ha expresado sobre las dos grandes crisis políticas de la región: Venezuela y Brasil, apunta Raúl Benítez Manaut, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En cuanto a Cuba, Clinton sería una clara continuadora del curso de “deshielo” abierto por Obama; mientras Trump promete respetar los privilegios migratorios vigentes para “los cubanos que huyen del comunismo” (como Obama), pero volver a condicionar las relaciones diplomáticas a que “sus corruptos gobernantes hayan sido desalojados del poder y llevados a rendir cuentas por sus crímenes contra la humanidad”.

Intercambio comercial: ¿EE. UU. primero?

Una de las implicaciones de su lema de campaña, “Make America Great Again”, apunta justamente a que “Trump es un gran proteccionista”, como lo describe Boeckh. Es un fuerte crítico del NAFTA (el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México), y especialmente del traslado de la producción de firmas estadounidenses a suelo mexicano, coincide Karl-Dieter Hoffmann, profesor y director emérito del Centro de Estudios Latinoamericanos (ZILAS), de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt.

Según Trump, “Estados Unidos importa mucho y él recuperará esos puestos de trabajo, lo que le ha ganado muchos adeptos entre las clases bajas blancas”, agrega Hoffmann. No obstante, con Clinton o con Trump, el NAFTA, que ya tiene más de dos décadas y muchos críticos, tanto demócratas como republicanos, seguramente será revisado y actualizado, asegura Benítez Manaut. Adicionalmente, Trump “ha sido muy agresivo” y “ha puesto en duda” el futuro del TPP, el Acuerdo Transpacífico que involucra a México (además de a Perú y Chile), agrega este investigador de la UNAM.

Hillary Clinton es, en este sentido, “menos brusca”; ha manifestado también escepticismo en torno a acuerdos comerciales internacionales, pero no es una “proteccionista radical”, matiza Boeckh. “Clinton seguiría las políticas de Barack Obama, que a su vez son continuación de las políticas de Bill Clinton y George W. Bush de buscar compromisos de libre comercio y acuerdos comerciales con todos los países del mundo”, vaticina Benítez Manaut.

En el ámbito económico, los expertos coinciden en evaluar como poco probable que los republicanos frenen la política demócrata de apertura hacia Cuba, mientras las empresas estadounidenses siguen cerrando negocios con la isla, aunque Trump haya asegurado que aspira a negociar un “mejor acuerdo” con La Habana.

Migración: la manzana de la discordia

La propuesta de Trump en torno al tema migratorio es clara y agresiva: construir un muro que frene a los inmigrantes, especialmente a los mexicanos, que representan el 60 por ciento de los inmigrantes hispanos en Estados Unidos, sentencia Rodríguez Manaut. “Hillary Clinton seguiría tratando de mejorar los acuerdos migratorios de Barack Obama y eliminar obstáculos en el Congreso de Estados Unidos y en algunos congresos estatales”, como el de Arizona, California o Texas, destaca.

Lucha contra las drogas: sin grandes desacuerdos

“No ha habido grandes pronunciamientos y no hay mucho que esperar” en torno a la política sobre drogas, asegura Karl-Dieter Hoffmann, director emérito del Centro de Estudios Latinoamericanos (ZILAS), de la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt. En este tema de cooperación contra el narcotráfico es donde probablemente se den más similitudes, lo que apunta a la probable continuidad de la política de Obama en ambos casos y explica que apenas se mencione en campaña, precisa Benítez Manaut.

“En el caso de Trump, es imposible predecir”, opina por su parte Hoffmann. “Clinton seguirá la línea de Barack Obama, con quizás muy cuidadosas variaciones”, prevé. Fuera de aceptar que “la tradicional política sobre drogas ha fracasado”, poco ha pasado en materia de política exterior en los últimos ocho años, aunque en política interior se redujeron, por ejemplo, las penas por posesión de marihuana, contextualiza este estudioso del narcotráfico en los Andes y México.

“Madam” o “caudillo”: continuidad o abandono

Como sea, “América Latina no es prioritaria para Estados Unidos”, resume Boeckh. Ello explicaría las hasta ahora apenas “vagas” –y en el caso de Trump no más que “groseras”− alusiones directas a la región en la campaña presidencial estadounidense. Eso sí, el estilo de Trump “recuerda a un caudillo latinoamericano”, subraya Hoffmann, quien coincide con la apreciación de otro colega estadounidense, Omar G. Encarnación, en la revista Foreign Affairs, de que “Trump es un síntoma de la latinoamericanización de la política estadounidense”.

En resumen, de ganar Clinton, habría “continuidad” en la política exterior estadounidense hacia América Latina, concluye Benítez Manaut y agrega: “En el caso de Trump habría, más que agresión, abandono.”

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