México: De sujetos de crédito a sujetos de extorsión

El sistema capitalista se mueve con dinero y éste se guarda en los bancos. Todos aquellos que están fuera de algún modo deben ser bancarizados. La política social se encargó de bancarizar a los más pobres, los jubilados y los mayores de edad que reciben subsidios mediante las tarjetas de débito.

La mayoría de los mortales de alguna manera u otra estamos bancarizados y los que están fuera deben estarlo en un futuro próximo. Basta con ver las colas en los cajeros automáticos de la Ciudad de México.

Y si estamos con algún banco, se supone que somos sujetos de crédito. Si nos pagan la nómina por la vía electrónica, no tardan en ofrecernos un crédito que se respalda automáticamente con nuestro salario, que primero le llega al banco.

Ser sujeto de crédito te da acceso al dinero que administra el banco a cambio de intereses. Las personas físicas, los simple mortales, por el solo hecho de tener una cuenta o un salario ya somos sujetos de crédito. Donde haya dinero, hay otro que entra en contacto y que busca la manera de acceder a éste o de colocarte un crédito.

Cuando vas a sacar dinero, significa que tienes algún ingreso y por tanto eres sujeto donador para que el banco haga sus obras de caridad, sin informar a nadie cuánto recibe, cuánto aporta y cuánto descuenta de impuestos.

Hasta los míseros centavos son codiciados por los supermercados que te piden los dones para algún fin benéfico y, claro, quedas mal cuando dices que no estás de acuerdo.

Donde haya dinero hay otro que husmea posibles ganancias, negocios, intereses, donaciones. Para organizar los Juegos Panamericanos en Jalisco, el gobierno dispuso del Fondo de pensiones de los trabajadores del estado y ahora que el proyecto es un total fracaso, los que perdieron son los trabajadores. Cuando los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara subieron a primera división, las nuevas contrataciones de jugadores se hicieron con un préstamo del fondo de ahorro que administra el sindicato de académicos. Y así en cada lugar y cada institución.

Las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afore) recolectan nuestras aportaciones, las invierten y luego es un suplicio de tramitología recuperar ese dinero, que fue descontado religiosamente del salario mensual. Otro tanto pasa con el Infonavit. Allí estaba el dinero de millones de mexicanos que no lo habían podido tocar en décadas y que casi lo daban por perdido. Y se convirtieron en sujetos de crédito hipotecario.

Y llegaron las constructoras como moscas a ofrecer casas y créditos a cuenta de los ahorros y de lo que en un futuro se tendría que pagar. Fue el gran proyecto de viviendas de Vicente Fox y Felipe Calderón, construidas al vapor, en lugares alejados y sin servicios. Había dinero en las cuentas y sujetos de crédito que podían ser expoliados. Hay decenas de miles de casas deshabitadas, banalizadas y vandalizadas. Hay muchos que tienen casa pero también muchos perdedores, sujetos de crédito que no querían perder sus ahorros y para colmo quedaron endeudados, con una casa que no habitan y no pueden rentar.

Y todo esto dentro del marco jurídico vigente. La expoliación cotidiana de los ahorros y el salario de la gente se hace a la vista de todos. Lo que también sucede en el nivel institucional de los tres órdenes de gobierno donde son los bancos los que ofrecen y ofertan los créditos y son los presidentes, gobernadores y presidentes municipales los que endeudan al país. Todo a cuenta de futuros ingresos. De nuestros impuestos, claro.

Así funciona el sistema capitalista. Peor aún, mientras en Estados Unidos los intereses de las tarjetas de crédito rozan 20 por ciento, en México se despachan con 40 por ciento. Vivimos en un capitalismo de tercer mundo.

Ahora la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) le ha puesto el ojo a los migrantes y pretende que ellos ahorren para su retiro con un porcentaje de las remesas. Los migrantes ya han experimentado en carne propia eso de que el gobierno les descuente y que luego les pagan cuando retornan. A los banqueros se les hace agua la boca de sólo pensar y tecleaer su calculadora para quedarse con una tajada de los 25 mil millones de dólares que llegan actualmente. Aunque sea uno por ciento.

Donde hay dinero hay alguien que husmea y que pretende sacarle provecho. Y este modelito legal y oficial ha sido también implementado por el crimen organizado que busca y encuentra sujetos de extorsión, que obviamente suelen ser sujetos de crédito.

Los secuestros de hace unas décadas eran asuntos que preocupaban a los ricos y poderosos que tuvieron que contratar servicios de seguridad privados. Pero para el común de los mortales eso no es posible. Además de rejas, púas y cercos eléctricos hay que poner alarmas y eso afecta directamente el presupuesto mensual.

El secuestro y la extorsión son un cáncer que invade a nuestra sociedad. Todos sabemos de algún conocido que fue extorsionado o hemos recibido alguna llamada donde se pretendía extorsionarnos. En las zonas rurales secuestran a campesinos y piden rescates de 3 mil pesos.

Lo peor de todo es que la extorsión impide o limita cualquier iniciativa de negocios o inversión. Tener un negocio significa que tienes dinero, es posible que sólo tengas deudas por ser sujeto de crédito, pero eso al extorsionador no le interesa. Tener algo, mostrar algo, exhibir algo te hace sujeto de extorsión, de asalto, de robo o cosas peores.

Se afirma que ser sujetos de crédito dinamiza la economía, pero si esto nos convierte en sujetos de extorsión hay algo que no funciona. Paradójicamente hay ciertas similitudes entre lo que te cobran por pisar un banco y el cobro por derecho de piso.

En blanco o negro, la sensación puede ser la misma.

Nadie controla la voracidad de los bancos y menos aún la de los malandros.

Fuente La jornada

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