Los medios extranjeros y la realidad comunicacional en latinoamerica

“No se puede decir que The New York Times es petista (PT Partido de los Trabajadores Brasileño), no se puede decir que Le Monde de Francia es petista, no se puede decir que El País español es petista?” planteó Dilma Rousseff.

Para la expresidenta la prensa extranjera no simpatizó con su gobierno ni con el PT por haber narrado la crisis política como un debilitamiento de las instituciones democráticas o directamente como un “golpe”.

La mirada de la mayoría de los medios extranjeros fue “objetiva”, sostuvo ante una pregunta de Página/12. Esa narrativa es opuesta a la de la prensa local “controlada por cuatro o cinco grupos” que trataron la información de forma oblicua para favorecer el fin del gobierno electo, dijo. Incluso hubo medios brasileños que llegaron a insinuar que algunos del exterior eran “lulo-petistas” por denunciar la agonía del orden democrático iniciada en 2015, agregó. Por cierto se percibe en las entrelíneas de algunos columnistas su enfado, cargado de apelaciones nacionalistas, ante la cobertura dada por los periodistas enviados o corresponsales en Bsasil. “Es necesario que hagamos un análisis muy serio sobre la realidad” comunicacional, señaló.

Dilma fue depuesta por el Senado el 31 de agosto pero estaba apartada del cargo desde el 12 de mayo, cuando comenzó una campaña informativa para “hacerme desaparecer del noticiario”, para contribuir a la campaña destituyente. Ese muro desinformativo fue en parte perforado “gracias a las noticias generadas en el exterior y con su repercusión especialmente en las redes sociales,” dijo la mandataria depuesta. “Fue muy importante esa otra información para contrarrestar el desierto informativo” montado por las empresas periodísticas nativas, que en los últimos días comenzaron a deformar las noticias sobre los actos de protesta contra el nuevo gobierno.

Columnistas neocons no hablan de manifestantes sino de “vándalos” que son teledirigidos por organizaciones de “ultraizquierda” para crear un clima de “terrorismo y guerra civil”, como se llegó a decir en la radio Jovem Pan, un de las más populares de San Pablo.

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