La relación entre la escritura y la locura

Cada vez más el ser humano busca entenderse y saber por qué actúa como lo hace, en Mendoza, Argentina las consultas con analistas son cada vez mas frecuente. Hace algunas semanas se celebró en la Nave Cultural un ateneo de psicosis y escritura, organizado por la Biblioteca de la Orientación Lacaniana de Mendoza (BOLM) y la Asociación Cuyana de Estudios Psicoanalíticos (ACEP).

En la jornada participó Carlos Rossi psicoanalista lacaniano , quien practica el psicoanálisis en la ciudad de Buenos Aires, es responsable de la Secretaría de Carteles de la Escuela de la Orientación Lacaniana y es miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

El psicoanalista fue invitado por su extenso estudio de la relación entre Jacques Lacan y el escritor James Joyce. Hay extensos textos que Lacan dedicó al estudio de la literatura del escritor irlandés y su relación con la locura.

El objetivo del encuentro que se realizó en Mendoza era dar cuenta de los efectos que tiene la escritura en los enfermos mentales, teniendo en cuenta que una de las formas de tratar a los pacientes psicóticos es mediante la escritura o alguna otra aproximación al arte.

En diálogo con UNO, Rossi se refirió a escritores que se cree han estado locos por su manera de abordar sus historias y explicó de qué sirve el psicoanálisis y en qué casos habría que someterse a él.

–¿En qué consiste el encuentro que se realizó en Mendoza?
–Hubo dos eventos:un encuentro fue llamado “Hacia la jornada de carteles”, teniendo en cuenta que el cartel es un invento de Lacan y consiste en una forma de estudiar en grupo. Y El otro evento fue la charla que ofrecí sobre la relación entre la escritura y la locura. Es un tema que me interesa mucho y que he investigado bastante. Mi tesis de maestría fue justamente esa: lo que se escribe de un psicoanálisis. Es decir, aquello que el paciente escribe precipitado por un psicoanálisis. Para ello, hay que estudiar a Lacan, quien hizo todo un tratamiento al respecto de los escritores que padecían algún tipo de locura. Lacan dedica un seminario entero a entender al hombre que cambió la literatura: James Joyce. Lo que él buscaba responder era si Joyce estaba loco. Para ello, usó solamente sus textos, no lo entrevistó ni habló con sus amigos. La psicosis la buscó en los textos y no en el personaje.

–¿Lacan tenía alguna pista de que Joyce pudiera haber estado loco?
–Tenía tres ideas sobre él. La primera era que en el libro Retrato del artista adolescente hay una escena en que al personaje le dan una paliza y en vez de tener bronca y querer reaccionar, su respuesta es sentir que su cuerpo se desarma. Es decir, que el cuerpo se desarma de una manera que no le sucede a todo el mundo. Lo segundo que le llama la atención son las epifanías. Cuando Joyce era joven, realizaba caminatas matinales por la estación de tren y escuchaba hablar en italiano, alemán y francés, pero de repente a él se le imponía algo. Una sola frase que le resonaba y que él escribía en un cuaderno. Luego las insertaba a presión en sus novelas. Lacan se pregunta si hay relación entre esas epifanías y un rasgo de la psicosis que es la palabra impuesta, es decir una alucinación que viene de afuera. El tercer dato que le llamaba la atención a Lacan es una frase de un texto en el que el personaje busca al redentor de la raza humana y Lacan se pregunta si quizás Joyce pensó que ese redentor era él, lo cual también es un fenómeno de la psicosis. Por otro lado, está el trabajo que hizo en el libro Finnegans Wake, que es una hilación de pensamiento que no se detiene. No hay puntos gramaticales y eso es muy sugestivo.

–¿Hay otros escritores famosos que podamos pensar que hayan estado locos?
–(Jean-Jacques) Rousseau, que escribió El contrato social, desencadena una psicosis clara cuando escribe una novela, que se llama El Emilio. Tras el rechazo que recibe a la publicación de ese libro, se desencadena su locura, que está documentada posteriormente.

–¿Cómo definirías el trabajo en carteles?
–Lacan creó este dispositivo, que él consideraba necesario para la formación del analista. La idea es que cuatro personas se unen durante dos años a tratar un solo tema y tiene que haber una quinta persona afuera, a modo de provocador. Cada uno de los participantes debe elegir un rasgo del tema a desarrollar. La idea de Lacan es que nadie puede saber todo sobre un tema sino que hay que elegir un rasgo. Es una manera de destituir el rol de amo que tiene el docente. Los carteles sirven porque el psicoanálisis no se puede enseñar, sólo se puede aprender a través de carteles.

–Los psiconalistas eligen siempre entre seguir la corriente de Freud o la de Lacan, ¿por qué elegiste a Lacan?
–A mí me pasó que a los 14 años descubrí en la biblioteca de mis padres La interpretación de los sueños, de Freud. Me cautivó, pero sucede que cuando uno lee a Freud, hay puntos que resultan muy oscuros. En ese sentido, hay autores que se adaptan mejor a tu modo de pensamiento y eso me pasó con Lacan. Incluso me pregunto cómo alguien puede no llegar a Lacan, tanto por su manera de interpretar a Freud como por sus propias ideas. El tipo habla en sus textos de cosas que han pasado ahora, habla de la segregación y del mercado europeo tal como están planteados hoy.

–¿Se sigue usando la escritura como forma de tratar a los enfermos mentales?
–Sí. Es una tendencia que viene de la psiquiatría más clásica. Uno de los ejemplos que siempre se da es el de Van Gogh y la pintura. El arte cumplía en él una función sublimatoria. Por ello, se dio una tendencia en los tratamientos a llevar a los pacientes hacia el arte. En el caso de la escritura, se sigue practicando hasta hoy. De todas formas, los psicóticos escriben por sí solos, escriben todo el tiempo. Sin embargo, no es que por escribir el paciente se vaya a curar, eso es un síntoma, pero a la vez sirve para tratar la enfermedad. Muchas veces sólo hay que tirar de ese hilo y el paciente encuentra el orden en su locura y se puede expresar y eso de por sí lo calma.

–¿Se diferencia en algo la literatura de las mujeres a la de los hombres que están enfermos?
–Grosso modo, están los hombres que han tratado su locura escribiendo, como Joyce o Samuel Beckett, y las poetas Sylvia Plath, Anne Sexton, Alejandra Pizarnik. También se puede hablar de los músicos, varios de los que murieron a los 27 años y después se habló del Club de los 27. En algunos casos a los hombres el escribir o componer les hace la vida más vivible. Pero en el caso de las mujeres, todas terminaron en suicidio. Es decir que hay una cierta debilidad cuando se las trata de esa manera, mediante el arte. Es probable que en las mujeres haya una cuestión más melancólica. Habría que pensar en otro tipo de tratamiento porque claramente no las ordena. Pero también se puede pensar que quizás se hubieran suicidado antes si no hubieran escrito.

–¿Qué es el psicoanálisis?
–Lacan lo define de una manera muy simple: es un sesgo práctico para sentirse mejor. La idea es la de una persona que tropieza con la misma piedra, es decir el síntoma, una y otra vez aunque no quiera. Es eso que definimos como: “Es más fuerte que yo”. Esto puede ser un consumo, un tipo de relación amorosa que fracasa o la imposibilidad de trabajar. Esa persona quiere que ese problema que tiene se resuelva porque siente angustia. Es decir, la gente busca el psicoanálisis porque siente angustia y el objetivo de este tratamiento es la reducción de la angustia. Lacan plantea que cuando se alcanza la satisfacción, se puede dejar el psicoanálisis, se puede dejar la terapia, pero hay gente que sigue analizándose por años porque le gusta.

–¿La gente busca cada vez más el psicoanálisis o prefiere los libros de autoayuda?
–El psicoanálisis ha sido siempre un islote y en ese sentido no es lo más elegido, nunca lo fue. Aunque hay lugares como Francia, España y Argentina donde tiene una raíz fuerte. La autoayuda, en cambio, está sostenida en una parafernalia, en películas, programas, videos y libros. Cuando vas a un aeropuerto no vas a conseguir un libro de Lacan, pero sí uno sobre cómo enamorarte o cómo sentirte mejor de un día para el otro. Además, es una industria apoyada por la industria farmacéutica.

–¿Y quién gana en esta contienda?
–Es una batalla que jamás vamos a ganar desde el psicoanálisis. De todas formas, en algún momento, la persona se quiebra y busca una consulta con un profesional. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los escritores de autoayuda no son profesionales sino gente que a partir de una experiencia desarrolló una teoría. Creo que está bastante dividido, hay una parte del mundo que sale a buscar la autoayuda y otra que prefiere recurrir a un psicoanalista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *