La muerte del Neoliberalismo y la crisis de la política occidental

La crisis financiera occidental de 2007-2008 fue la peor desde 1931, sin embargo, sus repercusiones inmediatas fueron sorprendentemente modestas. La crisis desafió las piedras angulares de la larga ideología neoliberal dominante, pero pese a todo pareceria que surgió indemne en gran medida. Los bancos fueron rescatados; Casi ninguno de los banqueros en ambos lados del Atlántico fueron procesados ​​por sus crímenes; y el precio de su comportamiento fue debidamente pagado por el contribuyente. La política económica posterior, especialmente en el mundo anglosajón, se ha apoyado abrumadoramente en la política monetaria, especialmente la flexibilización cuantitativa, la cual ha fallado. La economía occidental se ha estancado y ahora se acerca a su década perdida, sin poder avisorar un final a la vista.

Después de casi nueve años, por fin estamos empezando a cosechar el torbellino político de esta crisis financiera. Pero, ¿cómo es que el neoliberalismo logro sobrevivir prácticamente incólume durante tanto tiempo? A pesar de que no pasó la prueba del mundo real, legando el peor desastre económico en siete décadas, política e intelectualmente siguío siendo la unica opcion. Partidos de la derecha, centro e izquierda habían comprado toda su filosofía, el Nuevo Laborismo britanico es un ejemplo clásico de esto. Sabían que no habia otra manera de pensar o de hacer: La ideología neoliberal se había convertido en el sentido común en la sociedad. Era, como habia advirtido Antonio Gramsci, hegemónico. Pero la hegemonía Neoliberal no puedo sobrevivir al ser aplicada a la prueba del mundo real.

El primer indicio de las consecuencias políticas más amplias fue evidente en el giro en la opinión pública en contra de los bancos, banqueros y empresarios. Durante décadas, no podían fallar: fueron agasajados por todos y tratados como los modelos de conducta a seguir de nuestra época, eran considerados los solucionadores de problemas por defecto de elección, en la educación, la salud y al parecer en todo lo demás. Ahora, sin embargo, el brillo de su estrella se va extinguiendo, junto con la de la clase política tambien. El efecto de la crisis financiera fue el de socavar la fe y la confianza en la competencia de las elites gobernantes. Esto ha marcado el comienzo de una crisis política mucho más amplia.

Pero las causas de esta crisis política, manifiestamente evidente en ambos lados del Atlántico, es mucho más profundo que simplemente la crisis financiera y la recuperación prácticamente muerta de la última década. Estas causas van al corazón del proyecto neoliberal, que data de finales de los años 70 y al ascenso político de Reagan y Thatcher, y que se abrazaron en su núcleo central de la idea de un libre mercado global de bienes, servicios y capital. Se desmanteló el sistema deprimido de la regulación bancaria, en los EE.UU. en la década de 1990 y en Gran Bretaña en 1986, creando así las condiciones para la crisis de 2008. La igualdad fue despreciada, la idea de “La Economía del Derrame” fue alabada, el gobierno fue condenado y aprisionado como con un grillete al mercado y como era necesario ue ocurriera para poder desarrollar su plan economico liberal, debidamente animo la inmigración, redujo las regulaciones estatales a un mínimo, al igual que los impuestos y se hizo de la vista gorda cuando de evasión corporativa se trato.

Cabe señalar que, en términos históricos, la era neoliberal no ha tenido una buena trayectoria particularmente. El periodo más dinámico de crecimiento occidental de posguerra fue entre el final de la segunda guerra y los años 70, que fue la era del capitalismo del bienestar y el keynesianismo, fue precisamente en esta era cuando la tasa de crecimiento fue el doble del periodo neoliberal desde 1980 hasta la actualidad.

Pero, con mucho, la característica más desastroza del período neoliberal ha sido el enorme aumento de la desigualdad. Hasta hace muy poco, esto había sido prácticamente ignorado. Con extraordinaria rapidez, sin embargo, ha surgido como el tema político más importante en ambos lados del Atlántico, más dramáticamente en los EE.UU.. es esta, sin excepción, la cuestión que está impulsando el descontento político que ahora se cierne sobre occidente. Dada la evidencia estadística, es desconcertante, sorprendiendo incluso, de que se haya hecho caso omiso de ello durante tanto tiempo; la explicación sólo puede estar en la gran extensión de la hegemonía del neoliberalismo y sus valores por demas individualistas.

Pero ahora la realidad ha alterado, el deseo por morder esa manzana doctrinal Neo-liberal. En el período 1948-1972, todos los sectores de la población estadounidense experimentó incrementos muy similares y de tamaño considerable en su nivel de vida; entre 1972-2013, el 10% experimentó una caída real de su ingreso, mientras que el 10% lo hizo mucho mejor que todos los demás. En los EE.UU., el ingreso medio real de los trabajadores de sexo masculino a tiempo completo es ahora menor de lo que era hace cuatro décadas: los ingresos de la parte inferior del 90% de la población se ha estancado durante más de 30 años.

Este cuadro no es muy diferente al del Reino Unido. El problema se ha vuelto más grave desde la crisis financiera. En promedio, entre el 65-70% de los hogares en 25 países de ingresos reales altos experimentó un estancamiento o caída entre el 2005 y 2014.

Las razones no son difíciles de explicar. La era de la hiper-globalización se ha apilado sistemáticamente en favor del capital en detrimento del trabajo y los trabajadores: los acuerdos comerciales internacionales, elaborados en gran secreto con empresas y dejando a los sindicatos y ciudadanos excluidos de estas tratativas se siguen acumulando, como por ejemplo la Asociación Trans-Pacífico (TPP) y la Trata Transatlántica y la Sociedad de Inversión (TTIP) recientemente. El ataque político-legal a los sindicatos e trabajadores; el fomento de la inmigración a gran escala, tanto en los EE.UU. y Europa ha ayudado a socavar el poder de negociación de la mano de obra nacional he incapacitando el reciclaje de los trabajadores desplazados laboralmente
de una manera significativa.

Como el economista frances Thomas Piketty ha mostrado, en ausencia regulaciones y de presiones compensatorias, el capitalismo gravita naturalmente hacia el aumento de la desigualdad. En el periodo comprendido entre 1945 y finales de los 70’s, la competencia que existio durante la Guerra Fría fue sin duda, la mas grande restricción que tuvo el capitalimo . Desde el colapso de la Unión Soviética, no ha habido ningun otro. A medida que la reacción popular crece cada vez más irresistible, recordamos un dicho que dice: “Todo régimen ganador eventualmente se vuelve políticamente insostenible”.

Grandes sectores de la población, tanto en los EE.UU. y el Reino Unido están ahora rebelandose contra su suerte, como gráficamente ilustrado por el apoyo a Trump y Sanders en los EE.UU. y el voto Brexit en el Reino Unido. Esta revuelta popular se describe a menudo, de una manera algo denigratorias y desdeñoso, como “El Populismo”. O, como escribe Francis Fukuyama en un excelente ensayo reciente puplicado en la revista Foreign Affairs: “El ‘populismo’ es la etiqueta que las élites políticas cuelgan a las políticas apoyadas por los ciudadanos comunes, que no les gustan.” El populismo es un movimiento en contra del status quo. Representa el comienzo de algo nuevo, aunque por lo general es mucho más clara acerca de lo que está en contra de lo que es para. Puede ser progresista o reaccionaria, pero más generalmente ambos.

El Brexit es un ejemplo clásico de tal populismo, que ha anulado una piedra angular fundamental de la política del Reino Unido desde principios de 1970. Aunque ostensiblemente respecto a Europa, trata de mucho más: es una crisis de confianza de aquellos que sienten que han perdido y han quedado atrás, cuyo nivel de vida se han estancado o peor desde la década de 1980, que se sienten dislocadas por la inmigración a gran escala sobre la cual no tienen ningún control y ademas que se enfrentan a un mercado laboral cada vez más inseguros y precarios. Su revuelta ha paralizado la élite gobernante, ya se ha cobrado un primer ministro, y dejó el último de ellos andando a tientas en la oscuridad como buscando inspiración divina.

La ola de populismo marca el regreso de la clase obrera como un organismo central en la política, tanto en el Reino Unido y los EE.UU.. Esto es particularmente notable en los EE.UU.. Durante muchas décadas, la idea de la “clase obrera” era marginal en el discurso político estadounidense. La mayoría de los estadounidenses describen a sí mismos como clase media, un reflejo del impulso que se aspira en el corazón de la sociedad americana. De acuerdo con una encuesta de Gallup, en 2000 sólo el 33% de los estadounidenses se llamaban a sí mismos clase obrera; en 2015 la cifra fue de 48%, casi la mitad de la población.

El Brexit, también, fue sobre todo una revuelta de la clase obrera. Hasta ahora, a ambos lados del Atlántico, la indentificacion de clase ha estado en retirada, con la aparición de una nueva gama de identidades, como las cuestiones de género, la raza, la orientación sexual y el medio ambiente. El retorno a las clases, debido a su gran alcance, tiene el potencial, como ningún otro tema, para redefinir el panorama político mundial.

El resurgimiento de las clases no se debe confundir con el movimiento obrero. No son sinónimos: esto es obvio en los EE.UU. y cada vez más el caso en el Reino Unido. De hecho, durante el último medio siglo, ha habido una creciente separación entre los dos en Gran Bretaña. El resurgimiento de la clase obrera como una voz política en Gran Bretaña, sobre todo en el voto Brexit, puede ser mejor descrito como una expresión incipiente de resentimiento y de protesta, con sólo un sentido muy débil de pertenencia al movimiento obrero.

De hecho, UKIP ha sido importante – en la formacion de la inmigración y de la Europa misma, ademas de la formación de las actitudes y comportamientos actuales del partido Laboral Britanico. En los Estados Unidos, tanto Trump y Sanders han dado voz a la revuelta de la clase obrera, este último casi tanto como el primero. La clase obrera no pertenece a nadie: su orientación, lejos de ser predeterminada, como a la izquierda le gustaba pensar, es una función de la política.

La era neoliberal está siendo socavada desde dos direcciones. En primer lugar, si su historial de crecimiento económico nunca ha sido particularmente fuerte, ahora es pésimo. Europa es un poco más grande de lo que era en la víspera de la crisis financiera en 2007; los Estados Unidos ha mejorado, pero incluso su crecimiento ha sido anémico. Economistas como Larry Summers creen que la perspectiva a futuro es que es muy probable que se sufra estancamiento secular.

Peor aún, debido a que la recuperación ha sido tan débil y frágil, existe la creencia generalizada de que otra crisis financiera puede estar aproximandose. En otras palabras, la era neoliberal ha llevado a occidente de nuevo al tipo de mundo en crisis que hemos tenido en el pasado durante la década de 1930. Con estos antecedentes, no es de extrañar que una mayoría en occidente ahora crea que sus hijos van a estar peor de lo que nunca han estado. En segundo lugar, los que han perdido en la era neoliberal ya no están dispuestos a aceptar mas un destino tan pesimista – y cada vez se involucran más en una revuelta abierta. Estamos presenciando el fin de la era neoliberal. No está muerto, pero está en una agonía de muerte temprana, al igual que lo que le ocurrio a la era socialdemócrata durante la década del 1970.

Una señal segura de la decreciente influencia del neoliberalismo es el creciente coro de voces intelectuales planteandose en contra de el. Desde mediados de los años 70 a través de los años 80, el debate económico fue dominado cada vez más por los monetaristas y libre mercadistas. Pero desde la crisis financiera occidental del 2008 , el centro de gravedad del debate intelectual ha cambiado profundamente. Esto es más evidente en los Estados Unidos, con los influyentes economistas como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Dani Rodrik y Jeffrey Sachs. El libro de “El Capital de Thomas Piketty en el siglo XXI” ha sido un vendedor masivo. Su trabajo y el de de Tony Atkinson y Angus Deaton han empujado a la cuestión de la desigualdad a lo mas alto de la agenda política. En el Reino Unido, Ha-Joon Chang, aislado dentro de la profesión económica por algun tiempo, ha ganado muchos grandes seguidores de esos ortodoxos que piensan que la economía es una rama de las matemáticas.

Mientras tanto, algunos de los que antes eran firmes defensores de un enfoque neoliberal, como Larry Summers y Martin Wolf del Financial Times, se han convertido en criticos extremos. El viento está a favor de las velas de los críticos del neoliberalismo; los neoliberales y monetaristas están en retirada. En el Reino Unido, los medios de comunicación y políticos son mundos muy por detrás de la curva. Pocos reconoceran que estamos al final de una época. Antiguas actitudes y supuestos aún predominan, ya sea en el programa Today de la BBC, como en la prensa de derecha o de los parlamentarios Laboristas.

Tras la renuncia de Ed Miliband como líder del partido laborista en Inglaterra, prácticamente nadie previa el triunfo de Jeremy Corbyn en la posterior elección de la dirección. La suposición había sido más de lo mismo, una de Blair o un centro de rehabilitación como Miliband, ciertamente no esperaban a nadie como Corbyn ganando. Pero el espíritu de la época ha cambiado. El número de miembros, especialmente de los jóvenes que se habían unido a la fiesta en una escala sin precedentes, quería ahora una ruptura total con el nuevo laborismo. Una de las razones por las que la izquierda no ha logrado emerger como el líder del nuevo estado de ánimo de la desilusión de la clase obrera es que la mayoría de los partidos socialdemócratas se convirtieron, en diversos grados, discípulos del neoliberalismo y la súper-globalización. Las formas más extremas de este fenómeno fueron los Nuevos Laboristas y los demócratas, que a finales de los años 90’s y el 2000s se convirtieron en vanguardia, personificada por Tony Blair y Bill Clinton, la llamada triangulación y tercera vía.

Pero como David Marquand observa en una crítica para el New Statesman, ¿cuál es el punto de tener un partido socialdemócrata si no representa a los menos afortunados, los desfavorecidos y los perdedores? El Nuevo Laborismo dejo solos a quienes los necesitaban, y a quienes históricamente se suponía que debían representar. ¿En que nos puede sorprender que una gran parte haya abandonado la otra parte que los abandonó? Blair, en su reencarnación como un obsesionado consultor de dinero con un montón de sombras de presidentes y dictadores, es un testimonio apropiado explicar la desaparición del Nuevo Laborismo.

Los contendientes rivales – Burnham, Cooper y Kendall – representaban la continuidad. Ellos fueron arrastrados por Corbyn, que ganó casi el 60% de los votos. El nuevo laborismo había terminado, tan muerto como el loro de Monty Python.

Al igual que el partido Laborista tomó demasiado tiempo para llegar a un acuerdo con el surgimiento del thatcherismo y el nacimiento de una nueva era en el final de los años 70, ahora no podía comprender que el paradigma de Thatcher, que finalmente llegaron a abrazar en el Nuevo laborimo, por fin había llegado a su fin. El Laborismo, como todos los demás partidos, está obligado a pensar de nuevo. El número de sus miembros que sienten antipatía por la derrotada corriente del Nuevo Laborismo volvió para respaldar alguien como Corbyn que nunca había aceptado este último, que era el polo opuesto en casi todos los aspectos de Blair, y que incorporo una autenticidad y decencia, que Blair evidentemente tuvo.

Corbyn no es un producto de los nuevos tiempos, es al contrario un retroceso a finales de los años 70 y principios de los 80. Que es a la vez su fuerza y ​​también su debilidad. Él no está contaminado por el legado del Nuevo Laborismo porque nunca lo ha aceptado. Pero tampoco, al parecer, entiende la naturaleza de la nueva era. El peligro es que él es poseedor de pies de barro en lo que es un ambiente político muy fluido e impredecible, desprovisto de cualquier certezas de casi cualquier tipo, en el que el Laborismo se encuentra peligrosamente dividido y debilitado.

El Partido Laborista puede estar en cuidados intensivos, pero la condición de que los conservadores no es mucho mejor. David Cameron fue culpable de un enorme error de cálculo e irresponsabilidad sobre el Brexit. Se vio obligado a renunciar en la más ignominiosa de las circunstancias. El partido está dividido irremediablemente. No tiene ninguna idea en qué dirección se mueve después de Brexit. El Brexiters pintó un panorama optimista de alejarse del mercado europeo en declive y de abrazar a los mercados en expansión del mundo. Pareceria como si el nuevo primer ministro tuviera una hostilidad anacrónica respecto de China y la voluntad de deshacer el buen trabajo de George Osborne. Si el gobierno da la espalda a China, con mucho, el mercado de más rápido crecimiento en el mundo… en que los van a convertir?

Brexit ha dejado al país fragmentado y profundamente dividido, con la perspectiva muy real de que Escocia podría optar por la independencia. Mientras tanto, los conservadores parecen tener poco entendimiento de que la era neoliberal está en su agonía.

Dramático como eventos han sido en Brexit en el Reino Unido, pero no se pueden comparar con el drama que se vive en los de Estados Unidos. Casi de la nada, Donald Trump se elevó para capturar la nominación republicana y confundir prácticamente a la totalidad de los expertos y no menos importantes los de su propio partido. Su mensaje era francamente anti-globalización. Él cree que los intereses de la clase obrera han sido sacrificados en favor de las grandes corporaciones que se han animado a invertir en todo el mundo y, con ello privar a los trabajadores estadounidenses de sus puestos de trabajo. Además, argumenta que la inmigración a gran escala ha debilitado el poder de negociación de los trabajadores estadounidenses y que ha servido para bajar sus salarios.

Propone que las empresas estadounidenses deban estar obligadas a invertir sus reservas de efectivo en los EE.UU.. Se cree que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha tenido el efecto de la exportación de empleos en Estados Unidos a México. Por razones similares, Trump se opone a la TPP y el TTIP. Y también acusan a China de robar empleos en Estados Unidos, y amenaza con imponer un arancel del 45% a las importaciones chinas.

A la globalización Trump contrapone nacionalismo económico: “poner a Estados Unidos en primer lugar”. Su recurso es poner por encima de todo a la clase trabajadora blanca que hasta (y de Bernie Sanders) la llegada de Trump en la escena política, había sido ignorado en gran medida y no representada desde los años 1980’s. Dado que sus salarios han estado cayendo durante la mayor parte de los últimos 40 años, es extraordinario cómo sus intereses han sido descuidados por la clase política. Cada vez mas la clase trabajadora han votado por los republicanos, pero el interes de los republicanos durante mucho tiempo solo han sido capturados por los super-ricos y Wall Street, cuyos intereses, como hiper-globalizadores, han dirigido directamente en contra de la clase trabajadora blanca. Con la llegada de Trump finalmente encontraron un representante: y lograron que Trump ganara la nominación republicana.

El argumento nacionalismo económico también se ha sido utilizado vigorosamente por Bernie Sanders, que quedo extremadamente cerca a la nominación demócrata y probablemente habría ganado,de no haber sido por más de 700 llamados superdelegados, que fueron escogidos de manera efectiva por la máquina Democrática que apoya a Clinton. Al igual que en el caso de los republicanos, los demócratas han apoyado durante mucho tiempo una estrategia neoliberal favorable a la globalización, a pesar de las preocupaciones de su base sindical. Tanto los republicanos como los demócratas ahora se encuentran profundamente polarizado entre el pro- y anti-globalizadores, un desarrollo totalmente nuevo del que no fue testigo ya que el cambio hacia el neoliberalismo se realizo bajo la presidencia de Ronald Reagan hace casi 40 años.

Otro de los pilares del recurso nacionalista utilizado por Trump de “Hacer grande a Estados Unidos de nuevo” – es su posición sobre la política exterior. Él cree que la búsqueda de estatus de gran poder de Estados Unidos ha despilfarrado los recursos de la nación. Sostiene que sistema de alianzas del país es injusto, por que Estados Unidos siempre lleva la mayor parte del costo y sus aliados contribuye con muy poco. Señala a Japón y Corea del Sur, y a los miembros europeos de la OTAN como sus primeros ejemplos. Trump pretende reequilibrar estas relaciones y, en su defecto, salir de ellas.

Como país en declive, sostiene que Estados Unidos ya no puede permitirse el lujo de tener este tipo de carga financiera. En lugar de poner el mundo al derecho, cree que el dinero debe ser invertido en el país, señalando el estado ruinoso de la infraestructura Norte Américana. La posición de Trump representa una importante crítica a Estados Unidos como potencia hegemónica del mundo. Sus argumentos marcan una ruptura radical con el neoliberalismo, la ideología de la hiper-globalización que ha reinado desde principios de 1980 y con la ortodoxia política exterior de la mayor parte del período de posguerra. Estos argumentos deben ser tomadas en serio. Ellos no pueden ser desdeñables solo por causa de su autoría. Pero no nos enganemos Trump no es un hombre de la izquierda. Él es un populista de la derecha. Y ha puesto en marcha un ataque racista y xenófobo de los musulmanes y de los mexianos. El apela que la clase obrera blanca se siente que ha sido engañada por las grandes corporaciones, minado por la inmigración hispana, y a menudo ha sido manipulada por resentidos afroamericanos que durante mucho tiempo se han querido mostrar como inferiores en condiciones.

La AMerica de Trump marcaría un descenso en el autoritarismo caracterizado por el abuso, el chivo expiatorio, la discriminación, el racismo, la arbitrariedad y la violencia; América se convertiría en una sociedad profundamente polarizada y dividida. Su amenaza de imponer aranceles de 45% en China, en caso de aplicarse, sin duda provocaria represalias por los chinos y anunciaria el comienzo de una nueva era de proteccionismo.

Trump también puede perder la elección presidencial al igual que Sanders falló en su intento por la nominación demócrata. Pero esto no significa que las fuerzas que se oponen a la hiper-globalización – la inmigración sin restricciones, TPP y TTIP, la libre circulación de capitales y mucho más – habrán perdido el argumento. En poco más de 12 meses, Trump y Sanders han transformado la naturaleza y los términos de la discusión. Lejos de ser en decadencia, los argumentos de los críticos de la hiper-globalización están ganando terreno a ritmo constante. Aproximadamente dos tercios de los estadounidenses están de acuerdo en que “no hay que pensar tanto en términos internacionales, sino concentrarse más en nuestros propios problemas nacionales”. Y, por encima de todo, lo que continuará impulsando la oposición a los hiper-globalizadores es la desigualdad.

Fuente: The Guardian

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