Gilles Lipovetsky: “El nuevo rostro del capitalismo está configurado también por una dimensión artística, estética”.

No sólo producción y venta. El nuevo rostro del capitalismo está configurado también por una dimensión artística, estética.

De ello tiene pleno convencimiento el renombrado filósofo francés Gilles Lipovetsky (París, 1944), quien se encuentra en México para participar en el seminario ‘El mundo del diseño’, organizado por la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Azcapotzalco.

Durante una conferencia magistral, con la que se inauguró este viernes dicho encuentro, el también sociólogo aclaró que el “capitalismo artístico”, como él denomina a esta nueva era de la economía liberal, está caracterizado por la incorporación sistemática y estructural del parámetro estético en todos los sectores que abarca el consumo de los hogares. De allí que lo diferencie del capitalismo financiero.

“Mi hipótesis es que el capitalismo de consumo es totalmente un capitalismo artístico. Puede tomarse el producto más sencillo, por ejemplo una botella de refresco, y éste necesita de mucha producción, de diseño. Ya no se puede vender hoy un producto sin integrar esta dimensión de estilo y creación, que hace que estemos ante una situación totalmente nueva”, dijo.

“Por supuesto, la dimensión estética nos refiere a las formas, a lo que llamamos la belleza, el estilo. Cuando hablo de capitalismo artístico, estético, empleo esta última palabra en su sentido griego, aísthesis, que no remite a la belleza, sino a las emociones, la sensibilidad”.

De tal manera, explicó que este tipo de capitalismo, el artístico, es el sistema que moviliza, apela y explota los placeres y las emociones, y ejemplificó con el hecho de que la gente acude al cine a sentir emociones, no a buscar la belleza forzosamente. Lipovestky situó el origen de este nueva vertiente capitalista a mediados del siglo XIX, con la creación en París, Francia, de la primera tienda departamental del mundo, Le bon marché, a cargo de Louis Charles Boileau.

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Este establecimiento vino a revolucionar el concepto de las compras y las ventas, al ofrecer no sólo mercancías, sino todo un nuevo concepto en el diseño de interiores, con pinturas, escaleras y sobre todo vitrinas, que antes no existían. “Antes la gente iba a comprar, ahora también a ver cosas bellas”.

Precisó que fue hasta mediados del siglo pasado cuando esta variante del capitalismo se amplió y generalizó, pues hasta ese momento el núcleo era el capitalismo productivo: el carbón, el acero, el ferrocarril, y si bien el paradigma estético estaba allí, aún no abarcaba a muchas personas.

El filósofo aclaró que cuando habla de proliferación estética se refiere a procesos, no a que vivamos en un mundo de belleza, ni mucho menos a que sea un modelo más suave ni menos depredador o menos competitivo.

“Hay que comprender que el capitalismo artístico simplemente es la explotación y el uso de las formas y las emociones para desarrollar el negocio, y que en él hay una competitividad que no deja de acrecentarse, porque ahora la competencia es entre todos los países y todas las empresas”.

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