Estados Unidos vive la más larga, cara y espantosa elección de su historia

Nueva York. La elección más larga, costosa y peligrosa en la historia moderna de Estados Unidos está a dos meses de culminar, y su resultado será definido por la pugna entre los dos candidatos más despreciados jamás, un mapa electoral y cambios demográficos que favorecen a los demócratas y una ola antimigrante, racista y antineoliberal encabezada por un empresario insurgente que pone en riesgo al sistema político del país.

La elección por ahora está caracterizada por los candidatos presidenciales de los dos partidos nacionales en una competencia entre quién es el menos reprobado -nunca antes ambos candidatos han sido percibidos negativamente por la mayoría del electorado-.

En la encuesta masiva más reciente del Washington Post, se registró un alto nivel de “pesimismo” en torno al concurso entre ambos candidatos, y 55 por ciento de los votantes dicen que una presidencia de Hillary Clinton amenazará el bienestar de la nación, y 61 por ciento opinan lo mismo de una presidencia de Donald Trump.

Por ahora, el consenso es que la candidata demócrata Clinton es la favorita, con una campaña más organizada y financiada que goza de ventajas por los cambios demográficos, pero sigue sorprendiendo que ella no ha logrado imponerse entre el electorado enfrentando un candidato tan repudiado.

Los votantes ven una candidata con enorme experiencia y conocimiento pero sencillamente no confían en ella o no les cae bien. Más aun, en una coyuntura donde se ha exhibido un hartazgo generalizado contra las cúpulas, ella es la que representa en todos los sentidos la élite política y económica del país.

Donald Trump, el candidato republicano, ha llegado hasta la antesala de la Casa Blanca justo al presentarse como un insurgente, un “no político” que dice lo que piensa, y alguien que se atreve a desafiar las reglas del juego.

Sin embargo, esté o no de acuerdo con sus posiciones, hay dudas sobre su competencia como jefe de Estado, y algunos están alarmados por su temperamento y su falta de conocimiento.

Además, ha ofendido a bases latinas y mujeres que son consideradas claves por los estrategas republicanos (por ahora está por debajo de los niveles de su antecesor Mitt Romney quien sólo capto 27 por ciento del voto latino, algo que fue considerado como clave en su derrota). Pero el disgusto con Clinton lo sigue ayudando aún entre bases republicanas e independientes que no están convencidos por él.

Todo esto se registra en sondeos en donde ambos son percibidos negativamente por la mayoría. Por ahora la ventaja de Clinton es que Trump es un poco más reprobado que ella.

Charlie Cook, el veterano analista electoral estadunidense, cuenta que esta situación le recuerda un cuento “sobre los dos tipos perseguidos por un oso -no es tan importante que corras más rápido que el oso, siempre y cuando corras más rápido que el otro tipo”.

Aunque los expertos, analistas y principales modelos de pronóstico electoral siguen señalando que Clinton tiene la ventaja (hoy, el modelo The Upshot del New York Times la tiene con 81 por ciento de probabilidad que ganará; Fivethirtyeight la tiene con 70 por ciento de probabilidad), las encuestas nacionales y estatales registran que esa ventaja está disminuyendo cada vez más.

En algunos sondeos nacionales, como el de esta semana de CNN, están empatados, Clinton tiene sólo una ventaja de unos 3 puntos (de un promedio de 8 puntos hace un mes).

Más alarmante todavía, es que las encuestas estatales en las entidades claves están registrando más o menos lo mismo. Hoy nuevos sondeos estatales en dos estados potencialmente críticos -Florida y Ohio- muestran que Trump ha logrado empatar con Clinton.

Sin embargo, el consenso entre los expertos es que aunque la elección no está decidida, Clinton tiene todo para ganar ya que Trump enfrenta un déficit difícil de superar en el mapa electoral del peculiar sistema electoral estadunidense donde no hay voto directo y el voto popular no necesariamente define el resultado, el resultado final se determina por unos cuantos estados claves (ver: http://www.jornada.unam.mx/2016/09/07/mundo/025n1mun).

Pero nadie se atreve a descartar un triunfo de Trump, sobre todo si pasa algo dramático que cambie las tendencias.

Algunos especulan que esto puede ser desde un atentando “terrorista”, a un escándalo político (se mencionan mas correos electrónicos, o algo relacionado con la Fundación Clinton) o tal vez algo que suceda en los tres debates presidenciales programados (el primero, que promete ser uno de los eventos más vistos por el electorado, será realizado en vivo el 26 de septiembre).

Todos los días, la batalla se vuelve más rara y a veces alarmante. Trump se ha destacado -y le ha funcionado ante la ira de la cúpula de su propio partido- por atacar puntos casi sagrados del reino político -tanto personas como instituciones- a lo largo de su campaña, desde cuestionar el heroísmo del senador John McCain cuando fue prisionero de guerra en Vietnam, a atacar a la familia Bush, a atreverse a oponerse a las guerras de intervención y los acuerdos de libre comercio, entre otros.

Esta semana criticó directamente al Pentágono, afirmando que los generales y almirantes a cargo de las fuerzas armadas han sido “reducidos a escombros”. Algunos advierten que tal pronunciamiento, si llega a la presidencia, podría detonar una crisis en relaciones político-militares en este país.

Por su parte, Clinton sigue presentándose como la única adulta en esta campaña, señalando que su contrincante pondría en riesgo la seguridad nacional, la economía mundial, y el planeta mismo si llega a la Casa Blanca.

Este jueves atacó a Trump al señalar que insinuó que Vladimir Putin era mejor presidente que Barack Obama. Pero al hacerlo, comprueba que es la defensora del status quo.

El nivel de estos intercambios sólo nutren el pesimismo entre el electorado de que esta elección mejorara al país. Con ello arranca la recta final que llevara a que uno de estos dos sea – como suele decirse – la persona más poderosa del planeta.

Fuente: La jornada D.B.

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