ESTADOS UNIDOS SEPARADO POR SUS MIEDOS

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Cleveland, Ohio. Esta noche Donald Trump fue oficialmente coronado como el candidato presidencial de un Partido Republicano dividido, en el segundo acto de la Convención Nacional Republicana, que se realiza aquí esta semana.

El proceso formal de la nominación de Trump y de su compañero de fórmula Mike Pence, fue seguido por un par de discursos incómodos de los líderes republicanos del Congreso, testimonios de familiares sobre el buen carácter del magnate, y una ensalada de figuras que no se sabe bien qué hacían en el podio donde el tema del día fue “Hacer que Estados Unidos funcione de nuevo”.

El nuevo rey del partido apareció, en una transmisión en vivo, ante la Convención, poco después de obtener, esta noche, el número de delegados necesarios para capturar la nominación republicana. El magnate declaró que “es un día muy, muy especial”, en donde después de más de un año “logramos un resultado histórico… este es un movimiento y tenemos que llevarlo hasta la meta”.

Afirmó que se llevará “el cambio real y el liderazgo de regreso a Washington” enfocado en “poner primero al pueblo estadunidense” para lograr varios objetivos económicos y políticos, resaltando la necesidad de “restaurar la ley y orden, rápidamente”.

El jueves aceptará de manera formal la nominación en la culminación de este espectáculo político.

Paul Ryan, el político republicano de mayor rango en la sala, y presidente de esta Convención Nacional Republicana, tuvo la ingrata tarea de llamar a la unidad en torno a un candidato que él mismo había criticado y que de manera renuente finalmente endosó, no hace mucho.

“Aquí estamos en un momento donde los hombres y mujeres en ambos partidos tan claramente… desean un gran cambio en la dirección de Estados Unidos”, argumentó Ryan, al señalar que los demócratas sólo ofrecen más de lo mismo, “un tercer periodo de Obama, llevado a cabo por otra Clinton”. Insistió en que sólo con Trump “tendremos una oportunidad para una manera mejor” al instalar “una mayoría gobernante conservadora”.

Otros oradores estelares incluyeron al líder del Senado Mitch McConnell, los precandidatos presidenciales Chris Christie, gobernador de Nueva Jersey, y el neurocirujano más raro del país, Ben Carson. Y como está programado para cada noche, familiares de Trump intentaron ofrecer una dimensión personal de un político aún reprobado y de quien desconfía una amplia mayoría de la población -esta noche fue el turno de su hijo Donald Trump Jr., y de su hija Tiffany.

Pero no faltaron los participantes poco convencionales en estos espectáculos, incluyendo el presidente de la asociación de lucha extrema, una golfista profesional y una actriz poco conocida que también se identifica como una granjera de aguacates y diseñadora de interiores”.

Pero igual que en el primer día, el único punto de unidad aquí es Hillary Clinton (y en segundo plano, Barack Obama), y de nuevo hubo expresiones de la división profunda -incluyendo la ausencia por segundo día de la aristocracia del partido (dos ex presidentes, dos ex candidatos presidenciales) y una larga lista de legisladores y gobernadores.

Después de que el primer día de sesiones, que inició con una rebelión pública de un sector de delegados anti Trump, se alargó dejando a una de las estrellas emergentes, la senadora Joni Ernst, hablando ante una arena semivacía, y donde su momento estelar, el discurso de Melania Trump, generó una controversia que imperó en los medios nacionales debido a las acusaciones de que la esposa del ahora candidato republicano plagió una sección de un discurso de Michelle Obama, este segundo de los cuatro días fue más controlado.

Pero la falta de unidad se expresó de nuevo en varios momentos, algunos públicos, otros en privado. Los delegados anti-Trump prometieron continuar con sus rebeliones, buscando entorpecer los procedimientos como forma de protesta. Hoy, la delegación de Michigan se abstuvo en reportar el número de delegados que asignó a cada precandidato.

Muchos legisladores y otros políticos electos han asistido a reuniones de sus delegaciones estatales, pero que no piensan estar presentes en la convención y se irán antes del jueves, cuando Trump será coronado, reportó Político.

A la vez, la sensación de que no se sabe bien qué está ocurriendo aquí, ni cómo llegó todo a este punto impera en la cúpula republicana, en los estrategas electorales, en el club de multimillonarios y empresarios que han mantenido el control de este partido, y en los expertos y analistas políticos del país, lo que sigue generando una incertidumbre inusual en un juego antes tan controlado.

Muchos de los delegados y así como los ciudadanos a quienes representan, afirman que apoyan a Trump como parte de una insurgencia contra la cúpula política del país, y que consideran que esto no es una campaña sino “un movimiento”.

Un delegado de Nueva York lo resumió así en entrevista con La Jornada: ‘Hay dos partidos en Estados Unidos: los políticos y el pueblo. Les dimos una oportunidad en 2010 cuando ganamos la cámara baja y no hicieron nada; les dimos otra cuando ganamos el Senado en 2012, y tampoco hicieron nada. Lo que están viendo aquí es una caldera que está estallando en algo que se llama Trump”.

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