¿Es Trump o es el partido?

Un buen número de legisladores y jerarcas del Partido Republicano ha decidido dar la espalda a Donald Trump a raíz de las escandalosas revelaciones de su compulsión por acosar e insultar a las mujeres. Lo curioso del asunto es que si uno atiende a sus valores políticos, no los morales, en esencia la ideología que ha abrazado ese partido durante años es similar: adelgazamiento del Estado, menos impuestos, menos regulación de la actividad económica, reducción del gasto social y una política migratoria draconiana, en especial en contra de quienes provienen de los países de su frontera sur. Es la misma filosofía que la mayoría de los precandidatos republicanos predicaron durante la campaña para las elecciones primarias de su partido.

Lo que Trump ha puesto de relieve es similar a lo que los líderes republicanos han usado en la práctica en contra de la política del presidente Obama. En el fondo, son ellos los que propiciaron la creación de un personaje como Trump, y la de los millones de fanáticos que ahora le aplauden. Hoy esos mismos líderes se asustan por los excesos de su criatura. Los ataques en contra del estatus quo que sistemáticamente han expresado es lo que ahora Trump explota y aprovecha para denunciar a los líderes de su partido como simuladores y vividores de la política. Por todo ello, vale preguntar qué hubiera sucedido con las aspiraciones de Trump si no se hubieran revelado sus excesos sexuales, que por lo visto son una parte inherente de su personalidad y biografía.

El probable arribo de Hillary Clinton a la Casa Blanca y la posibilidad de que el Partido Republicano pierda también la mayoría en el Senado plantean una disyuntiva a su liderazgo. Si actúan con la misma animadversión en contra de ella y deciden obstaculizar su agenda, al igual que lo hicieron con Obama, lo más probable es que Trump, o alguien similar, encabece la cima de ese partido. Pero el hecho es que, de una u otra forma, con o sin los excesos de Trump, los republicanos y sus representantes en el Congreso seguirán profesando el pensamiento conservador que los distingue que, en esencia, se opone al respecto irrestricto de los derechos humanos y a una sociedad en la que prevalezcan los valores sociales sobre los individuales. Esa continuará siendo su razón de existir.

Es muy factible que de no haber un profundo cambio en la sociedad, el país continuará profundamente dividido, y Hillary enfrentará los mismos obstáculos que Obama.

Fuente: La Jornada

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