El Supremo Doctor Francia y su absolutismo positivista en Paraguay de 1814 a 1840

Aciertos, límites y contradicciones del presidente paraguayo que expropió a todos los terratenientes y a la Iglesia, antes de la Guerra de la Triple Alianza.

José Gaspar Rodríguez de Francia gobernó la nación paraguaya desde 1814 hasta 1840, época en la que los paraguayos se independizaron de la corona española a través de una revolución en mayo de 1811. El 3 de octubre de 1814 se reunió el tercer congreso paraguayo de mil diputados campesinos a propuesta del doctor Francia, quien presidió las sesiones.

Se unificó el poder ejecutivo y Francia recibió el título y carácter excepcional de dictador supremo de la República del Paraguay por cuatro años, luego de los cuales se debería reunir otro congreso nacional y decidir sobre el sistema de gobierno. Es así como Francia fue electo como presidente del Paraguay.

El absolutismo de Francia, dentro de las perspectivas de su tiempo, no fue exactamente reaccionario. Él es en cierto sentido un positivista que se enlaza con Rousseau y Voltaire, dentro de su concepción personal, naturalmente menos universal que sus maestros europeos.

Es a partir del gobierno de Francia que Paraguay se convierte en el único país latino en dejar de tener clero y clase económica influyente, en contrapartida a sufrir una profunda reforma. Para poder llevar adelante sus medidas económicas y políticas en el país, Francia se apoyó en los campesinos, modestos industriales y comerciantes, peones y artesanos, para aplastar a la oligarquía de grandes propietarios, altos jerarcas y ricos traficantes.

El Supremo, como llamaban a Francia, fue implacable en la persecución de sus enemigos, ejerció una dictadura rigurosa. Los españoles y españolistas, herederos de los privilegios de la Corona, fueron perseguidos hasta el exterminio. Como esa clase privilegiada tenía ramificaciones en la cuenca del Plata, la fama de Francia fue terrible: fue visto como un bárbaro asesino, contrario a toda norma de civilización.

Los paraguayos, acostumbrados en su mayoría al rigor de los jesuitas, abominaban los lujos y desmanes que los españoles y españolistas ostentaban, principalmente en Asunción. El Supremo terminó con ese reinado de pompa en un país pobre, vivió austeramente, fue reservado y sencillo, y así se ganó la confianza popular. La remanente elite económica de Asunción, cuando pudo -por carta a sus iguales del Plata, principalmente Buenos Aires- se quejó de que Francia recibiera en su casa con los brazos abiertos a cualquier hombre del pueblo, pero le negara un simple gesto a los ricos.

Francia demostró que no existe independencia política sin independencia económica. Suprimió las órdenes religiosas y transformó sus conventos en cuarteles. Ya en julio de 1815 -cuatro años después de tomar el poder- hizo romper a la Iglesia católica con Roma: la Iglesia en el Paraguay ahora es nacional. El 20 de septiembre de 1824 confiscó todos los bienes de la Iglesia y los transfirió al Estado, prohibió terminantemente la construcción de nuevos templos, determinó la libertad de creencia en el país y extinguió para siempre los tribunales de la Inquisición.

Paraguay es un país mediterráneo que no tiene salida propia hacia el mar. Para exportar su producción -el tabaco principalmente- Francia necesitaba de la libre navegación de los ríos; el Plata principalmente. Pensando en eso, el gobierno realizó un acuerdo con Buenos Aires que luego este último no cumplió, además de no permitir la navegación de los barcos paraguayos. Paraguay quedó aislado.

Entre 1815 y 1817 continuaron las presiones de las provincias al norte de Buenos Aires. Francia tomó contacto directo con Inglaterra, buscando en ella apoyo para conseguir la exportación de los productos paraguayos. Buscaba una alianza con el imperialismo británico junto al representante ingles en Buenos Aires, Woodbine Parish.

Aislado el país, Francia necesita crear una nueva estructura económica. Decidió multar desmesuradamente a los españoles y españolistas y en 1823 promovió la primera gran reforma agraria de la América del Sur. Además, nacionalizó la banca, haciendo que todo el dinero que entrara o saliera del país pasara por el Estado, y no contrajo deuda externa.

Francia no pudo ver la necesidad de formar una clase dirigente con independencia de clase que pueda contagiar a los pueblos hermanos en la lucha por la libertad antiimperialista. Contrariamente, intentó hacer un acuerdo con los ingleses, quienes tiempo después sostendrían contra Paraguay una de las guerras más sangrientas de América Latina: la Guerra de la Triple Alianza.

Fuente: Genocidio Americano de Julio José Chiavenato

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