El racismo como política de Estado en E.E.U.U.

EL MUERTO EN EL PLACARD DE ESTADOS UNIDOS
APROXIMACIONES A LA HISTORIA DEL RACISMO Y LA LUCHA ANTIRRACISTA DESDE LA GUERRA CIVIL A LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
PAULA SCHALLER y JAVIER MUSSO

Número 32, agosto 2016.

El discurso hegemónico muestra a Estados Unidos como la tierra de las oportunidades por excelencia, cuna de la democracia moderna y las libertades individuales. Pero la reemergencia del activismo antirracista refleja que lejos de una era “post-racial” el gigante del norte sigue reproduciendo una larga historia donde el racismo siempre fue política de Estado.

La lucha abolicionista

Aludiendo a la independencia norteamericana, Howard Zinn acuñó la idea de “independencia sin emancipación” ya que, contrariando la “igualdad natural de las personas” que reza la declaración de los padres fundadores, ni siquiera consagró el elemental principio burgués de igualdad ante la ley, opuesto por el vértice a la relación de producción que hizo de Estados Unidos una gran potencia: la esclavitud. Fue ésta la palanca de Arquímedes del desarrollo norteamericano en las plantaciones algodoneras y tabacaleras que abastecieron al mercado mundial:

… en 1790, el Sur producía mil toneladas anuales de algodón, para 1860 había subido ya a un millón de toneladas, mientras que se pasó de 500.000 esclavos a 4 millones [1].

El carácter estructural de la esclavitud, sumado al principio de que “el trabajo cuya piel es blanca no puede emanciparse allí donde se estigmatiza el trabajo de piel negra” [2] llevó a Marx –para 1850, principal corresponsal europeo del abolicionista New York Daily Tribune– a postular la abolición de la esclavitud como factor central de la guerra y la revolución norteamericana: la expropiación de 4 millones de esclavos significaría en materia económica la mayor expropiación de propiedad privada en la historia, y liberar a los esclavos crearía condiciones mucho más favorables para organizar a la clase obrera en su lucha contra el capitalismo. En función de esto, fue uno de los grandes promotores del apoyo de la recientemente creada AIT a la causa de La Unión contra los Confederados esclavistas en la Guerra de Secesión (1861- 1865), desafiando el moderantismo hasta del propio Lincoln que hasta que no se reveló como necesidad militar se negó a hacer de la abolición de la esclavitud el factor central de la guerra contra el Sur [3].

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Reconstrucción a la burguesa: el régimen “Jim Crow”

Luego de la guerra comenzó un período conocido como la Reconstrucción, abocado a redefinir las relaciones de producción sureñas, reintegrar los estados secesionados y establecer la condición jurídica de los libertos, entre otras cuestiones. Una vez que la burguesía norteña impuso su dominio político-económico sobre los esclavistas sureños, sirviéndose del enorme impulso de las masas populares, negras en buena medida, el peligro de una potencial unidad de la clase obrera en el contexto del impacto de la crisis capitalista de 1873 y del ascenso huelguístico en las ciudades del Norte que sobrevino a la guerra llevó a las clases dominantes a establecer un pacto reaccionario que implicó la institucionalización del racismo. Para 1877 el Ejército federal se retiró de los estados sureños ocupados, habilitando el desencadenamiento del terror blanco, cuya máxima expresión fue el Ku Klux Klan, organización paramilitar creada en 1865 bajo el programa del retorno a la esclavitud y el supremacismo blanco. Muchos antiguos esclavistas recuperaron sus plantaciones y, aunque no restablecieron la esclavitud, eliminaron el derecho al voto recién conquistado de los libertos, sometiéndolos a un régimen semi-feudal de aparcería. Es por esto que William Du Bois, intelectual del movimiento negro [4], planteó en su clásico Black Reconstruction (1935) que la ausencia de una alianza de clases entre los trabajadores blancos y negros post guerra civil permitió el triunfo de la ideología de la supremacía blanca, implicando el fracaso de la Reconstrucción en tanto integración racial. Tomando la idea podríamos decir que, producto de la radicalización política del proletariado que sobrevino a la guerra civil, para la burguesía fue necesario definir los términos de la etapa post-esclavista en términos contrarrevolucionarios, cediendo parte de los aspectos democrático-formales de su dominio como forma de consolidarlo obturando una posible alianza de clase en su contra. El historiador David Brian, en este sentido, sostiene que pese al triunfo de las relaciones sociales de la burguesía norteña, el Sur es el que salió “ideológicamente victorioso” de la guerra civil, prevaleciendo la lectura racista de los Estados Confederados institucionalizada bajo el régimen segregacionista conocido como “Jim Crow”, conjunto de leyes que comenzaron a aprobarse en la década de 1870 para retrotraer las leyes federales de la inmediata postguerra que reconocían ciertos derechos civiles a los libertos. En los Estados sureños implicaron la prohibición legal del derecho al voto y mecanismos de segregación en el espacio público bajo la idea “separados pero iguales”, pero también en el norte se practicaron, sino de iure, si de hecho.

Racismo y organizaciones del movimiento obrero

Este racismo institucionalizado tuvo el objetivo directo de dividir las filas de la clase obrera y rebajar el costo de la fuerza de trabajo sobre-explotando a la clase obrera negra. Para esto, las clases dominantes difundieron el estereotipo del negro como haragán, anti-trabajador, lo que caló en la subjetividad obrera blanca, incluso sus estratos bajos como los inmigrantes católicos irlandeses, que pese a ser minoría oprimida tenían un status superior a los negros en la escala social y laboral. El racismo fue un componente central en la formación de la conciencia de la clase obrera norteamericana a fines del siglo XIX. A esto contribuyó activamente el modelo sindical naciente: la American Federation of Labour (AFL), creada en 1886, se consolidó como sindicato exclusivo: hombres, blancos, en su mayoría cualificados, que para 1910 agrupaba a un 80 % de la clase obrera norteamericana [5]. Contra este exclusivismo sindical nació en 1905 el sindicato Industrial Workers of the World (IWW) fundado por socialistas, anarquistas y sindicalistas radicales que se proponía organizar a la clase obrera en un sindicato único sin distinciones de raza, sexo ni cualificación. Pese a que fue una expresión organizativa minoritaria mostraba tendencias a combatir el racismo al interior de la clase obrera y permitió destacarse a dirigentes como James P. Cannon, que tras unirse al IWW en 1911 se convirtió en líder del ala izquierda del Partido Socialista y en 1919 fundó el Partido Comunista Americano hasta su expulsión en 1928 por trotskista, para luego fundar el Socialist Workers Party (SWP). Si bien en el PS había una minoría de militantes negros, expresaba las mismas contradicciones que la Segunda Internacional albergaba en torno a la cuestión colonial: si esta contenía alas abiertamente colonialistas (como el holandés Van Kol), el PS norteamericano incluía dirigentes abiertamente racistas, tales como Víctor Berger, convertido en 1910 en el primer Socialista elegido para la Cámara de Representantes. En función de esta contradicción, así como la Segunda Internacional no formuló un programa específico para la cuestión colonial, el socialismo norteamericano tampoco lo hizo para la cuestión negra,

… el movimiento socialista anterior (…) jamás reconoció ninguna necesidad de un programa especial sobre la cuestión negra. Esta fue considerada pura y sencillamente como un problema económico, una parte de la lucha entre los obreros y los capitalistas; no se podía hacer nada sobre los problemas especiales de la discriminación y la desigualdad antes de la llegada del socialismo –señaló Cannon [6].

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Gran Migración y lucha antirracista

Luego de una primera etapa, a comienzos del siglo XX, donde el activismo negro se canalizó a través de las iglesias negras, que proporcionaron redes de difusión al interior de la comunidad negra sureña, y la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color-National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) [7], la Primera Guerra Mundial y su gran demanda de brazos para trabajar implicó transformaciones demográficas que repercutieron en el movimiento negro. Esta llevó a la Gran Migración Negra (Great Migration) hacia el norte: entre 1910 y 1930 migraron cerca de 1,5 millones [8], creciendo la población negra un 40 % en los estados septentrionales. Esta urbanización de la clase obrera negra mejoró su nivel cultural, inferior al de la clase obrera blanca por los efectos de la segregación pero muy superior al del entorno rural sureño, lo que repercutió en su conciencia política. Una vez terminada la guerra, el retorno de las tropas ocasionó tensiones raciales en las ciudades, comenzando a extenderse los linchamientos producto del aumento de la competencia en el mercado laboral. Adicionalmente, en el último tramo de la guerra y al finalizar esta, los negros fueron usados como esquiroles para romper las huelgas de los trabajadores blancos, como sucedió, por ejemplo, en 1917 en Saint Louis, donde un número no determinado de trabajadores negros, contratados por la industria St. Louis en reemplazo de huelguistas blancos, fueron masacrados por estos. En este contexto en 1919 se desató lo que el activista afroamericano de la NAACP James W. Johnson denominó como Verano Rojo (Red Summer), una serie ataques racistas ocurridos en más de 30 ciudades norteamericanas con un saldo no establecido de muertos [9]. Ante la cómplice pasividad de las autoridades comenzaron a organizarse en Chicago patrullas de autodefensa armadas de los negros, tempranas antecesoras de las Panteras Negras, uno de cuyos organizadores fue Harry Haywood, quien luego sería uno de los principales referentes afroamericanos del Partido Comunista Americano y teórico de la cuestión negra.

En este contexto de extensión nacional de la violencia, creció para la década del ‘20 el predicamento de quienes planteaban el retorno a África como salida para la comunidad negra. Entre ellos destacó el empresario jamaiquino Marcus Garvey, referente del panafricanismo [10] que fundó la UNIA (Asociación para el Avance Negro Universal), señalada por muchos como el primer gran movimiento de masas negras. Esta atrajo a los inmigrantes negros sureños y de las Antillas con el objetivo de montar un proyecto de emigración hacia Liberia, donde la empresa American Colonization Society (ACS) compró tierras y envió a unos 15 mil afroamericanos, negocio al que Garvey se sumó creando compañías de transporte marítimo para el viaje [11]. Lejos de toda perspectiva de lucha de clases, esto empalmaba con la política de sectores de la burguesía norteamericana que querían resolver el “problema negro” haciéndolos emigrar, idea que se remonta a fines del siglo XVIII como ideal hegemónico entre los abolicionistas, que muy lejos estaban de propugnar la integración social y racial al interior de Estados Unidos.

Revolución rusa y cuestión negra

En este contexto, la experiencia de la Revolución Rusa y la política bolchevique de autodeterminación de las nacionalidades oprimidas animaron un importante cambio de práctica y programa sobre la cuestión negra. Surgido en 1919, el Partido Comunista de Estados Unidos (Communist Party of the United States of America), jugó hacia fines de la década del ‘20 y los ‘30 un importante papel en la lucha por los derechos negros. En las “Tesis sobre la Cuestión negra” del IV Congreso de la III Internacional de 1922 se avanzó en el reconocimiento del problema de la opresión negra como cuestión central de la lucha obrera anticapitalista, postulando la necesidad de aplicar a esta las “Tesis sobre la cuestión colonial”, es decir, considerando la cuestión negra desde la misma óptica que las naciones oprimidas. Basado en estas el V Congreso del año 1924 avanzó en formular programáticamente la autodeterminación como política para los negros. Relata Cannon:

Los comunistas estadounidenses de los primeros días, bajo la influencia y presión de los rusos, estaban aprendiendo (…) a asimilar la nueva teoría de la cuestión negra como una cuestión especial de gente doblemente explotada y relegada a ser ciudadanos de segunda clase, que requería un programa de demandas especiales como parte del programa general; y a empezar a hacer algo sobre esta cuestión [12].

Pese a que estos avances programáticos animados por la Revolución Rusa no significaron avances organizativos del CPUSA al interior de la comunidad negra a inicios de los ‘20, sentaron las bases para el salto que dio a finales de esta, dirigiendo luchas de los obreros negros desempleados, peleando por el acceso a la vivienda, organizando secciones especiales en los sindicatos (con fuerte expansión entre aparceros de Alabama y obreros de Carolina del Norte). Esto se combinó con hitos en la lucha contra el racismo como la campaña nacional e internacional que emprendió el CPUSA en el juicio de Scottsboro, donde nueve adolescentes negros fueron acusados falsamente de violar dos mujeres blancas en Alabama. En las elecciones de 1932 se convirtió en el primer partido norteamericano en llevar a un candidato a vicepresidente negro, James Ford, quien también se presentó en 1936 y 1940.

Pero estas peleas progresivas del CPUSA en los ‘30 no solo fueron llevadas detrás de una política de apoyo a EE. UU. en la Segunda Guerra sino que se subordinaron a un viraje programático abierto en el VI Congreso de una Internacional ya plenamente stalinizada. Este desvirtuó el programa de autodeterminación bajo el contenido del planteo de la secesión política, cuestión que Harry Haywood, dirigente del CPUSA, precisó en las llamadas “Tesis del Cinturón Negro” que postulaban que los negros, en tanto nación oprimida, debían formar su Estado al sur del país. Contra estas tesis, Trotsky dirá que “es como si los blancos le dijeran a los negros ustedes deben constituir vuestro ghetto”, y no casualmente era apoyada por parte de la burguesía resistente a la integración racial.

Por el contrario, Trotsky entendía la autodeterminación como política democrática central para traccionar al activismo negro hacia la lucha revolucionaria. Al comienzo de los ‘30 debatió con dirigentes del SWP que se oponían a la consigna de autodeterminación planteando:

No podemos decirles de constituir un estado (…) No podemos tampoco decirles “quédense aquí al precio del progreso económico”. Sí podemos decirles: “está en Uds. decidir. Si Uds. quieren tomar una parte del país, estará bien. Pero nosotros no queremos decidir por Uds.” (…) Yo no propongo que el partido defienda, ni que inyecte la idea de la autodeterminación. Solamente que proclame nuestro deber de apoyar la lucha por la autodeterminación, si los negros mismos la reivindican. No se trata de nuestros camaradas negros. Se trata de 13 o 14 millones de negros (…) Nuestros camaradas negros pueden decir: la IV Internacional dice que si queremos ser independientes, ella nos ayudará de todas las maneras posibles, pero está en nosotros elegir. Mientras tanto, yo, en tanto negro miembro de la IV Internacional, pienso que debemos permanecer en el mismo estado que los blancos [13].

Estas polémicas programáticas consolidaron los cimientos de la posición marxista-revolucionaria ante la cuestión negra, y revelarían su trascendencia histórica a partir de la segunda posguerra, que abrió paso al auge del activismo negro bajo distintas estrategias políticas, como desarrollaremos en un próximo artículo.

[1] Zinn, Howard, La otra historia de Estados Unidos, México DF, Siglo XXI, 2010, p. 130.

[2] Marx, Karl, El Capital: crítica de la economía política, 1 vol., México DF, Siglo XXI, 2012, p. 363.

[3] Ver De Francisco, Andrés (comp.), Guerra y Emancipación, Lincoln & Marx, Madrid, Capitán Swing, 2013.

[4] Referente de la Asociación Nacional para el Progresode las Personas de Color.

[5] Zinn, Howard, Op. cit., p. 244.

[6] Cannon, James, “La Revolución rusa y el movimientonegro estadounidense”, International Socialist Review, 1959.

[7] Esta organización, que nucleó a la intelectualidad anti segregacionista, fue muy activa a lo largo del siglo impulsando debates y campañas contra la segregación desde una estrategia de presión legal a las instituciones.

[8] AA.VV., Los racismos políticos, Nova Terra, 1968, p. 188.

[9] Pozzi, Pablo, Nigra, Fabio (comps.) Huellas imperiales, de la crisis de 1929 hasta el primer presidente negro, Bs. As., Imago Mundi, 2013, p. 286.

[10] Corriente que promueve la necesidad del hermanamiento africano y la unidad de África bajo un Estado soberano para los africanos.

[11] Paim, Márcio, “Pan africanismo, tendências políticas, Sankofa”. Revista de História da África e de Estudos da Diáspora Africana, Julho/2014, p. 98.

[12] Cannon, Op. cit.

[13] Trotsky, León, “Autodeterminación para los negros americanos”, Oeuvres, T. XXI.

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