El fin de las Políticas de Estado en latinoamerica?

El certificado de defunción de las Políticas de Estado
El texto forma parte del libro Resistencia Internacional al Golpe de 2016, un trabajo colectivo que convocó a juristas, magistrados, economistas, periodistas, artistas e intelectuales de diversos países.

Sin lugar a dudas América Latina atraviesa por un período caracterizado no sólo por el avance de políticas, sino también de “dispositivos” neoliberales.

Para lograr implementar esas políticas en toda la región, se replican modelos similares con mayor o menor incidencia en los tiempos eleccionarios, pero con un modelo calcado en relación a los aliados que se encargarán de armar el “caparazón legal” o el andamiaje jurídico para tal fin: el poder jurídico y el poder mediático-empresarial, que darán un tinte de “normalidad” a estos nuevos procesos de destitución democrática.

El objetivo será el avasallamiento absoluto de los derechos de los sectores populares, adquiridos en esta última década y media, en nuestros países.

Si bien es cierto que en la situación argentina se diferencia de la brasilera en estos momentos, dado que Brasil atraviesa por un “impedimento ilegítimo” aunque con pretendidos fundamentos constitucionales, la finalización del mandato de la ex presidenta de Argentina estuvo basada en un acto similar en términos estructurales. El poder judicial también preparó un terreno ilegítimo para la finalización anticipada de un mandato elegido por el pueblo, bajo un pretendido justificativo constitucional.

Así, tanto en Argentina, como en Brasil, estos golpes institucionales se dieron bajo la fórmula infalible de concentración de poderes, disfrazados de políticas anti-corrupción, que intentan barrer no sólo con los logros alcanzados, sino que además pretenden inscribir esos logros como ecos de la corrupción de gestiones con tinte más popular.

De este modo podemos caracterizar estos nuevos actos como “golpes jurídico-mediáticos” con su autor semi-mediato: el blindaje empresarial.

Las nuevas leyes, entonces, tienen la exacta medida de la ausencia de derechos. Ese es el novedoso paradigma de época. Sin velos, sin tapujos, sin verdades que desentrañar más que las evidencias de lo descarnado en cada medida gubernamental que se toma, dejando por fuera, de modo rotundo y sin envoltorios, a los sectores más dañados de la estructura social.

Ahora bien, las secuelas sobre los procesos de memoria, verdad, justicia y reparación no tardarán en llegar. Así en Argentina, aun habiéndose alcanzado un proceso penal único en el mundo para el juzgamiento de militares y también de civiles involucrados con los delitos de lesa humanidad cometidos durante la década de 70, asistimos a nuevos escenarios políticos que ponen en jaque el avance de esos procesos. Por ahora no en términos procesales, pero sí en términos simbólicos, donde parece ser explícita la táctica de vaciamiento de sentido en términos de la búsqueda de verdad y de memoria. El mandato memorístico/social –para estos dispositivos neoliberales– es un problema endémico del cual hay que desprenderse lo más rápido posible. La “maldita herencia” de la memoria obstruye los nuevos discursos.

Ejemplo de ello es el escenario que marcó el nuevo secretario de Derechos Humanos de Argentina2, cuando en ocasión de la reedición del histórico documento “Nunca Más” –donde anuló el prólogo del anterior secretario de Estado, Eduardo Duhalde “por tener aditamentos políticos”–, habló de la división entre Política y Estado.

Esta es otra de las coordenadas novedosas a tomar en consideración a la hora de analizar los dispositivos neoliberales por los que discurre la nueva política regional. La alusión a esa división fue enunciada por el funcionario de Derechos Humanos en términos de deuda. Así, lo estatal ya no debe estar ligado a lo político y, de este modo, tampoco las políticas deben estar ligadas al Estado. Este certificado de defunción de las Políticas de Estado trae aparejado múltiples consecuencias, empezando por las renuncias de los Estados Neoliberales a sus obligaciones internacionales en materia de protección de derechos a sus ciudadanos.

Lo a-político ha desembarcado y la única política es monetaria y para las minorías.

Esta perspectiva entonces puede aplicarse a todo, incluso a las víctimas del terror de Estado, ya que al anularse el eje puesto hasta aquí en las políticas de Estado, quedan desligados los conceptos ético-jurídicos de las responsabilidades criminales del Estado, y las víctimas quedan a merced de la inocencia o la maldad de actos privados. Así, se podrá pensar en términos de “víctimas sin política”, en víctimas inocentes, ya que todo lo demás es político, por lo tanto no le compete más al Estado.

Este despolitizado universo de categorías vagas e inconsistentes es central para el castigo a toda oposición, ya que la oposición pasa a definirse como toda resistencia a la moralidad inocente de los “cruzados anticorrupción”, y se hace lugar así a un discurso negacionista de la responsabilidad estatal: en todo caso las víctimas son todas, y provienen de dos bandos asimilables en sus violencias, pero no del Estado.

La aceptación de este discurso trae otra consecuencia muy compleja y es el caudal de microdiscursos que “habilita”. Emergen así, fragmentos discursivos que salen de sus escondites, cuando todos/as pensábamos que ya estaban neutralizados.

De este modo, los dispositivos neoliberales nos ponen de narices frente al culto de la sinceridad, que nada tiene que ver con la Verdad que se esgrime hasta el cansancio. Más bien todo lo contrario. Hay un juego de palabras en danza y es que “la única sinceridad es que vamos a mentir, y para mentir vamos a dejar caer todos los velos, así nos creen”: esta parece ser la parábola neoliberal del Bien. Tras la dictadura de una verdad sin velos, y tras la persecución de la corrupción del bando popular –no de cualquier corrupción– se anida el borramiento de derechos a los sectores más vulnerables.

Así también el vaciamiento de sentido, en un intento de retorno al poder de “lo natural”, donde las clases dominantes llegan para salvaguardar la seriedad de nuestros países en el escenario internacional, hacen de éste un proceso político-lingüístico que es en sí un producto del Mercado y –retomando las palabras de J. Alemán– nos enfrentan al “carácter ilimitado de la Voluntad del Capital por perpetuarse, expandirse y diseminarse por doquier, (lo cual) introduce una inevitable pobreza de la experiencia.”3

Para nuestras sociedades, este proceso implica un gran duelo, en el sentido que el duelo cobra para quien lo transita, y es el de “haber sido alguien para quien ya no está”. Este punto es nodal a la hora de pensar el lazo que anuda a los gobernantes elegidos por su pueblo y la diferencia con los usurpadores del poder político. Para ellos, ese lazo es inexistente. Ya no es necesario establecer un vínculo con los sujetos a quienes se gobierna, más bien es un problema. Pero lo que el Pensamiento-Mercado no sabe es que ese lazo es ineludible a la hora de gobernar un país atravesado por dolores de todo tipo, un continente habituado a las luchas y a las resistencias por recobrar su dignidad.

Hoy Brasil nos duele a todos/as los que conservamos esa dignidad y es por esa razón que vemos con profunda admiración la respuesta que se organiza día a día, para evitar perder todo lo construido.

* Psicoanalista. Fundadora y ex directora del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos D. Fernando Ulloa, Secretaría de Derechos Humanos, Argentina. Articuladora por PNUD del Proyecto Clínicas del Testimonio de la Comisión de Amnistía, Ministerio de Justicia de Brasil (2015).

1 Tomamos teorizaciones del psicoanalista argentino Jorge Alemán.

2 Claudio Avruj.

3 Jorge Alemán.

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