Avances del Ejército sirio en Alepo genera tensiones sin precedentes entre EE.UU. y Rusia

La humillación que significaría para Estados Unidos la caída de Alepo no descarta totalmente un enfrentamiento, aunque a un enorme costo. Una perspectiva reaccionaria que llena de incertidumbre el escenario mundial.

El colapso del acuerdo de cese del fuego de Kerry-Lavrov y los avances del Ejército sirio en Alepo, están poniendo a la Guerra en Siria frente a un punto de inflexión. Ante la casi segura caída de esta estratégica ciudad, que definiría decisivamente el curso de la guerra, EE. UU. está frente a una opción difícil: o acepta una humillante derrota o, en caso contrario, debe escalar militarmente.

La probable caída de Alepo y las opciones de EE. UU.

Aunque por el momento no lo ha decidido, EE. UU. podría enviar más armas al campo opositor, incluida la variante local de Al Qaeda. Este envío de armas podría comprender hasta MANPADS (por su sigla en inglés, o sistema antiaéreo portátil), TOWs (misil antitanque guiado) y Javelins (un misil antitanque y portátil desarrollado por EE. UU.). El MANPADS es una amenaza para los aviones de apoyo cercano y helicópteros, por lo fácil que resulta esconderlos o desplegarlos, mientras que el TOW actualmente producido puede penetrar cualquier blindaje de tanque conocido. Sin embargo tomando en cuenta que los aviones rusos vuelan a más de 5.000 metros, es decir que están fuera del alcance de los MANPADS, su efecto podría ser marginal. Y aunque éste arma puede afectar a los helicópteros de combate rusos, más allá de la fuerte habilidad de los mismos para neutralizarlos, la principal fuente de poder de fuego en apoyo al Ejército Sirio siguen siendo los aviones rusos.

Si esta respuesta no funciona -cuestión altamente probable-, la última carta que le queda a EE. UU. es establecer una zona de exclusión aérea sobre Siria. Pero de avanzar en ésta jugada los estrategas del Pentágono son conscientes de que arriesgan una guerra contra Rusia. Por ahora, estas dos opciones según trascendidos han sido descartadas por la administración Obama, la primera porque esas armas podrían caer en manos del Estado Islámico o milicias ligadas a Al Qaeda y la segunda por ser juzgada como “muy arriesgada”.

Pero, tomando en cuenta que una derrota en Siria sería altamente costosa para las perspectivas de EE. UU. en la región, y en general sobre la percepción de la hegemonía norteamericana a nivel mundial, el estado mayor ruso hace todo lo posible para aumentar los costos eventuales de esta opción extrema. Tomando en cuenta que la relación global de fuerzas es favorable a los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, Rusia intenta postergar la confrontación, mantenerla al más bajo nivel de escalada (después del ataque norteamericano “por error” contra las fuerzas sirias, varias informes de acciones militares indicarían que Rusia ha respondido provocando la muerte de varios espías occidentales que están en el campo rebelde sirio, todo esto bajo el absoluto sigilo de ambos bandos), aumentar la presión sobre los aliados europeos, en especial Alemania a la vez que intenta crear las condiciones en el terreno (Alepo) que hagan fútil el ataque norteamericano. Estas no son solo especulaciones, y lo demuestra la firmeza de la actitud rusa que el pasado 6 de octubre anunció el despliegue en sus bases en Siria del modelo S300V4 “Anteys-2500” del sistema S300, es decir, una versión muy avanzada que puede interceptar y destruir los misiles de crucero –dispositivo militar esencial que los EE. UU. ha utilizado de forma abusiva e impune en sus intervenciones militares en las últimas décadas.

Repetimos, aunque los riesgos parecen completamente fuera de proporción en relación a los beneficios potenciales, lo que hace difícil creer que EE. UU. pueda entrar en dicho curso guerrerista, y frente a una eventual victoria de Hillary Clinton que reforzaría nuevamente la política neocon (que tuvo su apogeo y estrepitoso fracaso durante la presidencia Bush hijo), no se puede descartar al 100%, más aun tomando en cuenta el mensaje que significaría para el mundo que los rusos logren salirse con la suya frente a los EE.UU. en Siria. Si ahora un presidente como el filipino se atreve a tratar a Obama de “hijo de p…” y luego le dice a EE. UU. que se vaya al infierno, imaginemos de darse ese oscuro escenario lo que significaría para las perspectivas de la hegemonía norteamericana en decadencia.

A pesar de lo improbable, todo el mundo se prepara

Pero a pesar de lo poco probable de un escenario tan extremo, todo el mundo empezó a tomar cuenta del peligroso deterioro de la situación internacional. Muchos funcionarios occidentales aseguran que no se trata de un bluff y argumentan alarmistas que el mundo nunca ha estado tan cerca de lo que algunos llaman una tercera guerra mundial. Este es el caso del ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien dijo esta semana en una declaración al diario Bild que el período actual es “más peligroso” que la Guerra Fría. “Es una ilusión creer que se trata de la vieja Guerra Fría. Los tiempos actuales son diferentes, más peligrosos”, dijo el canciller alemán en el periódico más leído en su país. “El peligro de una confrontación militar es considerable”, planteó el ex diplomático alemán Wolfgang Ischinger, que fue mediador de la OSCE para Ucrania, citado en el mismo artículo. “Este peligro nunca ha sido más importante durante décadas y la confianza entre el Oeste y el Este nunca ha estado tan baja”.

Es que a diferencia de la Guerra Fría, cuyas tensiones estaban circunscriptas al acuerdo de reparto del mundo firmado en Yalta -y que a pesar de los roces y tensiones fue cumplido por las dos superpotencias en aquel entonces, como probó por ejemplo la aquiescencia de EE. UU. al aplastamiento ruso a la revolución húngara -de la que se cumplen dentro de poco sesenta años-, la esfera actual de la rivalidad entre los EE. UU. y Rusia toca un interés vital de este último país: sus intereses nacionales en el espacio post-soviético. Es este rasgo novedoso el que le otorga una fuerte incertidumbre al desenlace de todo conflicto, así lo enfatiza el experto ruso Eduard Popov, cuando afirma pesimista que “Con toda probabilidad, el mundo se está encaminando sombríamente a una nueva Crisis de los Misiles de Cuba en 1962, pero con una notable diferencia. En 1962, los EEUU tenían a su frente un líder fuerte, responsable, con espíritu independiente, John F. Kennedy; hoy en día, el país está encabezado por Obama, que ni siquiera tiene la suficiente autoridad para controlar su propio ejército (…) [Pero] es poco probable que vayamos a una Tercera Guerra Mundial total con el uso de las armas nucleares estratégicas, sino que es más probable que nos encaminemos hacia un determinado número de conflictos locales y periféricos. Siria será el principal de estos conflictos…”.

Una muestra contundente del emponzoñamiento de la situación es que la Rusia de Putin es tratada por los medios de comunicación occidentales de la misma forma en que lo fueron viejos adversarios de Estados Unidos -desde Slobodan Milosevic de Serbia a Saddam Hussein de Irak o Muammar Gaddafi de Libia. Como dijo Boris Johnson, ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Rusia está en peligro de convertirse en un “Estado villano” (“rogue state”). Mientras tanto, en el este de Europa ya hay celebraciones para que los aviones de combate norteamericanos se la den a los rusos y ganen.

Suficientes señales alarmantes para que el último líder de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov haya declarado el pasado martes, para pedir una urgente desescalada. “Creo que el mundo está acercándose peligrosamente cerca de la zona roja”, dijo Gorbachov a la agencia de noticias rusa RIA Novosti.

Conclusión: los dirigentes de las principales potencias imperialistas no solo están descargando la crisis económica sobre las masas del mundo, sino que ésta última está mutando crecientemente en crisis geopolítica, aumentando las probabilidades de guerras incluso entre las grandes potencias, en el horizonte ya de por si peligroso. Hay que pararlos.

Fuente: Diario La izquierda (Juan Chingo)

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